El monje Chu Lai era agredido por un profesor, que no creía nada de lo que él decía. Sin embargo, la mujer del profesor era seguidora de Chu Lai y exigió a su marido que fuera a pedirle disculpas al sabio.
De mala gana, pero sin valor para contrariar a su mujer, el hombre fue hasta el templo y murmuro algunas palabras de arrepentimiento.
"Yo no te perdono -dijo Chu Lai-. Vuelve a tu trabajo".
La mujer se quedo horrorizada:
"¿Pero como es posible? ¡Mi marido se humillo, y usted, que se considera sabio, no ha sido generoso!"
Respondió Chu Lai:
"Dentro de mi alma no existe ningún rencor. Pero si él no esta arrepentido, es mejor reconocer que me tiene rabia. Si yo hubiera aceptado su pedido de perdón, habríamos creado una falsa situación de armonía, y esto aumentaría mas la rabia de su marido."
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