Permaneció muy tranquila durante un buen rato, sonriente, pensando en Percival East, y en sus distintos papeles románticos. Lo admiraba mucho. Recordó detalladamente la última obra en que lo había visto. ¡Estaba tan espléndido al batirse a duelo! No podía imaginárselo con aspecto horrible, pensó. ¿Qué haría para lograrlo?
Hiciera lo que hiciera, ella no se iba a asustar. Él no podría decir que la había asustado a ella. El tío Timothy también estaría allí, supuso. ¿O no?
Oyó pasos frente a la puerta, a lo largo del pasillo, que luego se perdieron. La puerta al pie de la escalera se abrió y luego se cerro con un golpe.
El tío Timothy había bajado.
La niña siguió esperando.
Un tronco, quemado y rojo, se partió súbitamente en dos y los pedazos cayeron derrepente en el fondo de la chimenea. La pequeña se sobresalto con el ruido. ¡Todo estaba tan silencioso! Se pregunto cuanto mas tardaria el señor East. Hacia falta atizar el fuego, pues los pedazos de tronco se habían juntado. ¿Debía llamar? Pero el señor East podría entrar justo en el momento en que la sirvienta estuviera avivando el fuego, y eso arruinaría su entrada. El fuego podía esperar...
La habitación estaba silenciosa y, a causa de la tenue luz del fuego, mas oscura.
Ya no le llegaba ningún ruido desde abajo, porque la puerta estaba cerrada. Había estado abierta durante todo el día, pero ahora se había roto el ultimo y frágil vinculo que la unía a los demás.
La llama de la lampara dio un repentino salto. ¿Por que? ¿Estaría a punto de apagarse? ¿ Se apagaría?... No
Esperaba que el señor East no se le apareciera de golpe. Por supuesto que no lo haría. De todas maneras, hiciera lo que hiciera, ella no se asustaría..., no verdaderamente. Hombre prevenido vale por dos.
¿Hubo un ruido? La niña se levanto, con la mirada clavada en la puerta. ¡Nada!
Pero, sin duda, la puerta se había entreabierto, ¡ya no encajaba tan perfectamente en el marco! Tal vez, la puerta... tenia la seguridad de que se había movido. Si, se había movido..., se había abierto unos dos centímetros, y, poco a poco, mientras observaba, vio un hilo de luz entre el filo de la puerta y el marco, que crecía despacio y se detenía.
No era posible que entrara por allí. Se había entreabierto por si sola. El corazón de la niña empezó a latir con mas fuerza. Solo podía ver la parte superior de la puerta: el pie de la cama ocultaba el resto.
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